La Doctrina Social de la Iglesia como semilla de compromiso político y cohesión social: Reflexiones tras la III Escuela Social de Mérida-Badajoz

La Doctrina Social de la Iglesia como semilla de compromiso político y cohesión social: Reflexiones tras la III Escuela Social de Mérida-Badajoz

La Doctrina Social de la Iglesia como semilla de compromiso político y cohesión social: Reflexiones tras la III Escuela Social de Mérida-Badajoz

La reciente III Escuela Social de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz fue mucho más que un encuentro de reflexión: fue la confirmación de que la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) es un fermento imprescindible para la construcción de una comunidad política más cohesionada, justa y solidaria en España.

La ponencia de Jesús Gómez Medinabeitia puso el foco en el reto de aplicar la DSI a la vida pública de los cristianos y ciudadanos. Se subrayó que el compromiso en lo público no es secundario, sino una dimensión esencial de la fe vivida en comunidad. El cristiano está llamado a tender puentes y armonizar relaciones, afrontar divisiones sociales y superar identidades cerradas, asumiendo el Evangelio como motor de cambio. La DSI nos invita así a la amistad social, al diálogo, y a la defensa activa del bien común, interpelando tanto nuestras comunidades como los propios procesos políticos.

Este espíritu de “discípulos y ciudadanos” contrasta con la historia reciente del catolicismo español, marcada por la decisión de la Conferencia Episcopal, liderada por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, de no respaldar la creación de un partido democracia cristiana al estilo italiano. Este rechazo, aunque buscó evitar la identificación partidista de la fe y ganar autonomía, dejó un vacío en el desarrollo político de iniciativas católicas, que en ocasiones han derivado en movimientos alejados de la verdadera DSI, o incluso opuestos a ella. Frente a esa ausencia, la DSI sigue mostrando que el Evangelio en política no se impone por partido, sino por testimonio, participación y propuestas que promuevan la justicia, el diálogo y la inclusión social.

En la España actual, marcada por la polarización y la dificultad para la cohesión social, el papel de los laicos comprometidos con la DSI puede ser decisivo: evitar la reducción de la fe al ámbito privado o exclusivamente pastoral, y proyectarla como motor de acción social y política. La participación responsable en la vida pública —desde asociaciones, movimientos sociales o incluso propuestas políticas inspiradas por la DSI— es una llamada a influir activamente en el rumbo de nuestras sociedades para que sean espacio de encuentro, desarrollo integral y verdadero bien común.

De ahí el valor y la vigencia del mensaje recogido en la III Escuela Social: la transformación política y social empieza por la formación, la comunión y el compromiso cotidiano de cada cristiano. Porque participar es amar lo que construimos juntos, y la presencia cristiana en la vida pública es, y debe seguir siendo, la semilla de una sociedad más fraterna, justa y solidaria.