Cooperación. El poder blando de las regiones

Cooperación. El poder blando de las regiones

Según Joseph Nye, el poder blando es la capacidad de conseguir que otros deseen los resultados que uno desea porque admiran tus valores, quieren seguir tu ejemplo o aspiran a tu nivel de prosperidad y apertura. Sin duda, la proyección exterior de la Unión Europea se apoya principalmente en estrategias que buscan consolidar su poder blando en un mundo donde los valores democráticos y la libertad de mercado están mucho más amenazados que en las décadas precedentes, especialmente por actores que otrora fueran sus principales defensores.

El poder blando de las regiones de la UE

Sin embargo, la guerra en Ucrania y los recientes giros en la política exterior de EE. UU. están provocando cambios, acelerando otros y planteando nuevos retos para la política exterior de la UE. Uno de los principales problemas de la proyección exterior europea es su fragmentación, que abarca desde la acción de la Comisión Europea hasta iniciativas conjuntas de algunos gobiernos y actividades independientes de otros. En este contexto, las regiones, que carecen de competencias en política exterior, están más estrechamente ligadas a la UE mediante el alineamiento de diversas políticas, incluidas las de cooperación.

En un momento en el que la Comisión Europea trata de construir una estrategia de poder duro basada en el fortalecimiento de las capacidades militares y defensivas, el papel de construir y consolidar el poder blando europeo puede descentralizarse con una nueva filosofía. La Unión Europea es el mejor ejemplo de la capacidad de impulsar el desarrollo, la integración social y económica, así como de consolidar la convivencia y la paz entre países, pueblos y comunidades muy diversas. Hoy el mundo necesita esta capacidad, y si la impulsamos exclusivamente desde la Comisión Europea, podría enfrentarse a la misma resistencia que en algunos estados miembros bajo el influjo de la extrema derecha y el populismo, siendo Hungría el mejor ejemplo.

Las regiones y sus políticas de cooperación internacional están mejor posicionadas para trasladar al resto del mundo la imagen de una Europa comprometida con la democracia, la diversidad y las libertades civiles, convirtiéndose en una referencia mundial frente al retroceso de estos mismos principios. La propia estructura de la UE y su especial relación con las regiones, así como el enfoque de la cooperación descentralizada con acciones cercanas al terreno, vinculadas a las comunidades y los actores locales, representan una oportunidad que no podemos perder.

Tres ejes clave del poder blando regional

Los principales ejes sobre los que trabajar el desarrollo del poder blando europeo desde la proyección exterior de las regiones y sus políticas de cooperación serían:

  1. Identidad y cultura: Las regiones europeas pueden promover la riqueza cultural y patrimonial como una herramienta de diplomacia, reforzando la identidad europea en contextos internacionales.
  2. Ciudadanía y valores democráticos: El compromiso con la democracia y los derechos humanos debe estar en el centro de cualquier acción exterior, fomentando la cohesión social y el fortalecimiento de instituciones democráticas en los países socios.
  3. Alianzas y relaciones institucionales: La creación de redes y asociaciones transfronterizas permite consolidar alianzas duraderas que refuercen la estabilidad y el entendimiento mutuo, consolidando el poder blando europeo a largo plazo.

Una estrategia global en un mundo competitivo

En un momento de estrecha competencia global, ya no solo con China o Rusia, sino incluso con antiguos aliados como Estados Unidos, Europa debe consolidar un poder blando que la mantenga como referencia política e institucional. Para ello, las regiones son la clave, ya que no se busca una estrategia de poder extractivo o neocolonial, sino la consolidación de un mundo orientado hacia la paz y la convivencia. Desde políticas de cooperación transfronteriza, integración social o acciones para la consolidación de la paz, la UE puede contar con las regiones como las mejores interlocutoras, embajadoras y aliadas de las comunidades e instituciones locales receptoras de AOD.

La bandera de la UE debe ser una constante en todas las intervenciones, siempre en coordinación con la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) y la Política Común de Seguridad y Defensa (PCSD), con el objetivo de servir como puente de entendimiento entre las poblaciones y consolidar la paz.

Una alianza con los defensores de la convivencia y la paz

Cualquier movimiento contrario a la corrupción, el autoritarismo o la violencia en el mundo debe ser visto como una oportunidad para forjar alianzas con aquellos que defienden una sociedad global basada en la convivencia y la paz. Mientras Europa consolida un poder duro sólido, debe apoyarse en todos los aliados internos y externos que respalden los derechos humanos.

Sánchez y la brecha hacia un nuevo liderazgo

Hace menos de una semana el presidente del Gobierno lanzaba un órdago inédito en la política española. Se daba cinco días para reflexionar sobre si merecía la pena continuar al frente del gobierno de la nación. Inmediatamente, tanto la organización como las bases de su partido se movilizan para pedir a gritos que no se marche, que continúe, que sí merece la pena.

Siguiendo la génesis de estos días, debemos recordar que todo parece empezar a tomar forma con la respuesta de Pedro Sánchez, en el Congreso, a Gabriel Rufián; a pesar de todo, sigo creyendo en la Justicia de mi país. Pese a que aun no había trascendido la posterior decisión, la gravedad del gesto y la solemnidad de su respuesta parecían apuntar al difícil momento provocado por la imputación de Begoña Gómez, su esposa, tras una sorprendente denuncia de Manos Limpias.

Sánchez da un tirón al freno de mano de la actualidad política, y lanza su órdago ante la sorpresa, el estupor y el desconcierto de propios y extraños. La vicesecretaria del PP, Ester Muñoz es la primera en responder, y lo hace con rosario de ataques a toda la familia de Sánchez, poniendo cara y el sello del Partido Popular a las proclamas más duras de los medios más conservadores e, incluso, de digitales de dudosa credibilidad.

Construir un nuevo modelo de liderazgo para una nueva sociedad

Estos cinco días han dado para mucho y finalmente parece que Sánchez ha conseguir provocar la reflexión a la que llamaba a la ciudadanía. Las noticias, los comentarios, post e incluso memes han puesto de manifiesto que hay una brecha cada vez mayor entre dos modos de entender la sociedad, la política e incluso las relaciones entre personas. Podríamos decir que es el sempiterno debate entre realistas e idealistas, progresistas y moderados, liberales y conversadores, pero estaríamos equivocados. La brecha corre transversal a toda la sociedad y tiene que ver mucho más con los procesos, las formas y los métodos, que con las ideas y los contenidos.

Sánchez ha conseguido que el bloque de la izquierda empatice con él y su familia ante los ataques de la derecha y la extrema-derecha, pero sobre todo ha conseguido poner sobre sí el foco al denunciar el modo de hacer política que lo llevó a esa tesitura. La reflexión que subyace a las declaraciones de Pedro Sánchez es que hay una brecha generacional, temperamental y hasta cultural en el modo de entender la política. De un lado la política de frentes, de otro la del diálogo, a un lado lo ideal y las posiciones como dogmas, de otro la realidad, la respuesta situacional y transaccional para conformar mayorías, de un lado la Vox de la conciencia y al otro la oportunidad de Sumar.

El reto ahora para Pedro Sánchez es fundamentar, argumentar y construir este nuevo modo de hacer política y especialmente el modelo de liderazgo para la política para los retos de este nuevo siglo. Los razonamientos del s.XX han puesto de manifiesto que no son válidos para responder a los retos más graves del presente, desde la crisis climática a la guerra o el reto continúo a los DD.HH. La respuesta dogmática, la creación de frentes y la confrontación permanente están en la base de los choques actuales y la vuelta a un mundo donde la guerra gana terreno año a año.

Las personas en el centro de la política

Humanizar la política parece un reto, pero es el camino para conseguir construir un nuevo modelo de liderazgo político basado en la empatía, la integración y la identificación. Lo trató de hacer Jacinda Ardern en Nueva Zelanda, lo hace Alexandria Ocasio-Cortez en EE.UU. y también lo hizo Carolina Bescansa con su bebé en brazos en el hemiciclo. Ahora Sánchez se ha cuestionado si liderar el gobierno de un país debe estar por encima del bienestar de su familia, si su esposa debe renunciar a su carrera profesional para evitar ser centro de ataques o si la familia debe asumir ser objetivo político y mediático.

Esta rehumanización del político debe ser la base para la rehumanización de la política, de los discursos, de los proyectos y de la implementación de las ideas. Hay una nueva generación que no compra productos tecnológicos en supermercados tras ver anuncios emotivos en la TV, sino que lo hace por internet tras leer reseñas en blogs, hacer comparaciones en webs y ver impresiones de compradores en redes sociales. Ese es el camino que van a seguir las políticas, las propuestas y los mensajes. El discurso grueso, emocional y de confrontación va a pasar, la política va camino del unboxing, y ya hay blogs y canales de Youtube que analizan de modo técnico y cuantitativo el impacto de las diferentes políticas. Sin duda, aunque parezca una contradicción, la rehumanización de la política pasa por la tecnificación que disipe con datos la bruma de las emociones superficiales de los discursos populistas y agresivos. El nuevo liderazgo construye mensajes racionales, enfocados en la realidad de las personas, de un modo práctico y concreto, frente a las banderas, las líneas rojas y los salvadores de las patrias y las ideas.